5.4.26

Mientras podamos


El columpio. Jean-Honoré Fragonard. 1767


Hombre, Consejero Torrija, por fin se digna usted a aparecer con la podadora. Espabile de una vez, joder, que le envié al Caribe de Embajador y regresó usted especializado en mirar moscas. Y encima me trajo estos dichosos equisetos dominicanos que me están malogrando toda la rosaleda, hostias. Mire, vamos a sentarnos un rato en el poyete bajo la enramada porque me estoy alterando sobremanera. 


Qué sofoco por Dios. Anda, Torrija, sécame el sudor de la frente y ahórrate el chiste acerca de mi alopecia y la creciente superficie que hay que secar. Te reconozco que tenía su gracia cuando lo decías de mi cuñado mayor, pero ahora ya no me resulta divertido. No refunfuñes y coge la toalla. La de cuerpo entero, sí. 


Ay, ociosa y sarcástica Torrija, desde ayer estoy bastante alterado. ¿Quién me manda a mí contestar al Cretino Máximo en La Gacetilla? Dime tú, Torrija mía, para qué narices te quiero de Consejero Áulico si no frenas estos impulsos. Anda, tráeme el tabloide ése que quiero releerlo para mortificarme.


Escucha: “Comunicado de Tomoya I al usurpador Zeporro Máximo”... ¡Ay Dios Santo! Pero ¿no ves lo estomagante que soy? Qué ínfulas, joder. ¿Pero por qué escribo así si, en realidad, soy muy sencillo? ¡Corta esa petunia, diantres! ¿No ves que sobresale del seto y rompe toda armonía? Y espabila a los cisnes, que a estas horas tendrían que estar ya nadando grácilmente en el estanque de Perseo. ¿Pero tan difícil es contentarme? 


Escucha ahora esto: ¡”Bostezo de mármol”! ¿Pero qué narices es eso, Torrija? ¿Cómo me dejas escribir estas sandeces? Corrígeme, hombre, corrígeme y contenme cuando escribo, por favor te lo pido, que ya sabes que me desboco y creo ser un pope del surrealismo... ¿Que “mi vieja sangre se encabrita” ? ¿Pero si cada vez que pienso en Polosco y Gandul, sus zumbas y sus cráneos, me entra una pereza mortal y sufro descomposición de estómago? ¿No ves que yo simplemente quiero estar aquí, en mi rosaleda, y pasear a lomos de mi pony Claude entre tulipanes y campos de chufas? 


¡Ayuno de patria! Vamos, no me jodas, Tomoya I. Mucho me duele que su llorada capital Tomoyasville, hoy tiranizada por el sátrapa Zepporro, se haya convertido, como diría Morrissey, en un infierno indescriptible. Un desfile de cerilleras, limpiabotas, trileros, augures de mala muerte, lazarillos y deshollinadores; mimos, profanadores de tumbas y ortodoncistas callejeros; tunos, niñas descalzas de los Alpes, ratas muy gordas y tunos maquillados como mimos, harapientos todos y sumergidos en la carencia y el desconsuelo.


Pero, aunque ese desfile de imágenes torturadas me conmueve hasta la desesperación, Torrija querida, no dejes que mi alocado amor por la República Medusiana me separe de este edén en el exilio serrano. Soy muy feliz en Villa I, Me, Mine; mi Giverny privado con puente japonés sobre estanque de nenúfares, mi Manderley sin siniestra ama de llaves. Mira qué alegre está también Diga la Única, ora en su columpio rococó, ora en su invernadero de plantas carnívoras. Es conmovedor. 

Por cierto Torrija, antes de que se me olvide: el ajedrez humano del Parterre Sur lleva nueve días parado porque no consigo decidirme entre una defensa Caro-Kann o una Alekhine. Empecé la partida contra el Emérito Embajador Maroto y temo que las piezas se nos amotinen por inanición o aburrimiento. Yo soy indeciso, vale, lo acepto, pero Maroto es lentísimo decidiendo movimientos. Qué pesadez de hombre. Desde que se jubiló reparte su tiempo entre las endivias al roquefort y el pilates. Así que, Torrija querida, hazme el favor de llevar luego unas lionesas de chocolate a los peones más levantiscos para aplacar sus ansias de coronar. Joder, Torrija, a este prosecco le sobra otra vez un grado de temperatura. De seis a ocho grados es lo suyo, siempre te lo digo, caramba. Y en copa tulipán, por favor, no en este vaso de publicidad de Colacao. Dime, Torrija, ¿crees que podríamos enviar un desmentido a La Gacetilla? ¿Desabofetear lo abofeteado? Resultaría muy tedioso volver a las hostilidades. Los presidentes, ya se sabe, dicen una cosa y luego hacen la contraria sin ningún rubor. Aconséjame Torrija, por favor. 


Y vigílame de cerca a los jóvenes ministros Morsa y Trozo. Con la excusa de darle contenido a sus respectivas carteras de Propaganda y Cultura, están llevando una campaña obvia de autobombo en las calles de Tomoyasville grafiteando su nombre en cada tapia. Sé que esto molesta a Zepporro, pues las cerilleras y demás desdichados y buscavidas lo ven como un indicio de debilidad del régimen, una esperanza de insumisión, un sueño de ver al sátrapa peleando con las ratas gordas por un trozo de pan seco, y ello me place. Pero yo les sugerí que, de vez en cuando, pintaran también mi nombre con alguna elegante letra capitular fitomórfica iluminada con pan de oro, y se excusan en que es muy largo y gastan mucho espray. ¿Te lo puedes creer? No les quites ojo de encima que los veo ambiciosos y guapos. ¡Pero bueno Torrija! ¿Acaso buscas respuesta a todas mis tribulaciones en el vuelo de esa estúpida mosca mientras te cae la baba? Anda, alcánzame otra vez la herramienta y seamos felices mientras podamos.


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